Todo hombre tiene una misión; pero ninguno puede elegir la suya, delimitarla o administrarla a su capricho. Es equivocado querer nuevos dioses, es totalmente equivocado querer dar algo al mundo. Para el hombre despierto no hay mas que un deber: buscarse a sí mismo, afirmarse en sí mismo y tantear, hacia adelante siempre, su propio camino, sin cuidarse del fin al que pueda conducirle.
El verdadero oficio de cada uno es tan solo llegar a si mismo. Su mision es encontrar su destino propio, no uno cualquiera, y vivirlo por entero, hasta el final. Toda otra cosa es quedarse a mital del camino, es retroceder a refugirse en el ideal de la colectividad, es adaptacion y miedo a la propia individualiudad interior.